Fomentamos buenos hábitos alimentarios

Desarrollo del bebé

Entre los 3 y los 5 años de edad los niños adquieren y consolidan hábitos alimentarios que les acompañarán el resto de la vida. Nuestra responsabilidad como padres es conseguir que éstos sean saludables.
La leche materna, el bibe, las papillas… tu bebé se hace mayor (¡que rápido pasa el tiempo!) y va dejando atrás sus antiguas “costumbres nutritivas”. Ahora le corresponde incorporarse -pasito a pasito- al mundo nutricional de los adultos. ¿Cómo hemos de enfocarlo los padres?

Fomentamos buenos hábitos alimentarios

1-. Comer con todos, comer de todo
Lo ideal es que tu hijo se incorpore progresivamente a las rutinas de la familia, como uno más. Procuraremos no prepararle menús especiales sino acostumbrarle a comer sano y variado…Que hay pescado: se lo limpiamos bien y listo, ¿Hoy toca guiso? Perfecto, así se irá acostumbrando a comer con cuchara.

Para hacerle más fácil esa transición, es necesario que mantengamos unos horarios regulares de comida y que le eduquemos en la importancia de hacer las cinco comidas diarias.

2-. Raciones moderadas: Él sabe mejor que nadie dónde está el límite
Muchas veces nos obsesionamos -quizá por algo de afán protector- con que el niño come poco, pero ten en cuenta que su estómago es pequeño y sus necesidades calóricas diarias aún son moderadas (¡Prepárate para cuando sea adolescente!). Así que si dice que no puede más, hazle caso, él conoce sus límites.

3-. Haz las comidas (y las cenas) interesantes y divertidas
Estamos en plena etapa de descubrimiento de nuevos sabores y texturas y sabemos que las verduras y el pescado suelen llevar las de perder. Remédialo distribuyendo la comida en los platos de forma creativa, juega con los colores de los alimentos (especialmente frutas y verduras), despierta su curiosidad y no te preocupes si rechaza determinados sabores, es normal. Hay que introducirlos poco a poco y sin apremiar.

¿Y para beber?
Eso ni se pregunta… ¡Agua! Evita los refrescos azucarados: agua (y leche) son los únicos líquidos que necesita”.

4-. El desayuno como piedra angular
Prepara la ropa del cole la noche antes y levántate de la cama con tiempo (no mucho, bastan quince minutos), para poner la mesa y preparar un desayuno completo: Leche o yogur (el calcio es fundamental), zumo de naranja y unas tostadas que puedes acompañar de un chorrito de aceite de oliva, una rodaja de tomate y/o un poco de jamón.

La clave es desayunar en familia, sin prisas, dándole a la primera comida del día la importancia que tiene.

5-. No descuides las meriendas
A veces tendemos a relajar la alimentación de los niños a la hora de la merienda. No pasa nada si esporádicamente toman un bollo o una bolsa de snacks, pero no debe convertirse en costumbre. Lo mejor es que merienden un bocadillo pequeño o un yogur acompañado de fruta variada y, cuando nos apetezca algo “bueno” podemos preparar magdalenas o galletas caseras.

6-. ¡Más frutas y verduras!
Uno de los grandes problemas que se observan en los estudios con niños y adolescentes en España es que comen menos frutas y verduras frescas (y, por tanto, menos vitaminas, fibra y minerales) que las recomendadas. Empapa a tu familia en la filosofía del “5 al día” y, ya sabes, ¿De postre? Fruta.

7-. Tú eres el ejemplo a seguir
Por último, no olvides que la principal referencia de tu hijo eres tú, sois vosotros. Si haces o no deporte, si comes más o menos frutas y verduras, si ves mucho la televisión o no… Tus hábitos serán los “normales” para él, así que ¡Apuesta por una vida sana y tu familia te seguirá!

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